Cuando el Sagrado Espíritu de la persona se marcha de su cuerpo, amado por sus amigos, guapo, sano, joven... Yo te dedico, Fenicia este poema escrito desde el corazón que renace, desde el dolor de la muerte física y desde el nacimiento a una nueva vida. Aunque duela, cree que tu amigo está feliz.

He deshecho el nudo de mi jaula
porque quiero que se cumpla
el nacimiento de un cuerpo,
del embrión desnudo.

He separado las tres dimensiones
para que veas la pureza,
el grano de tallo que anuncia
un aniversario de siempres.

Después de un espacio de cien años
he desgarrado al reptil de trapo.
¡MÍRAME...SOY YO...
sin convulsiones pegajosas,
sin mendigos del orgullo,
he nacido
y no hay palidez en mí!