Ciertas voces se imponen desde el silencio, observando desde algo similar a una torre encastillada, con la lucidez propia de quien mira y calla, seguía trabajando. Sólo así he conseguido retratar a la profesora de Ciencias, sumergida en sí misma, calificando exámenes y reduciendo la energía al hilillo de luz que sale entre sus párpados, lo suficiente para analizar el río de letras y números, cual serpiente que encontrase su forma en el interior de sus ojos azules.


Me dijo, -"si quieres retratarme así..., trabajando..."-, y yo lo he preferido.

Corregir es un acto en el que se descarga conocimiento de siglos, en los muchos años que lleva impartiendo clase ha regalado el maná a tantos niños y niñas que ha llegado a formar una composición. Tan larga como un poema de varios libros, tan ancha como una melodía cantada sobre una barca en el mar, tan profunda como un sentimiento que se produjera fuera del tiempo.
Ella se instala desde la claridad que da el saber, con un carácter fuerte que se expresa en una fuerte voz, sobre una boca recia, de labios dibujados desde el interior con la forma cabal de lo que se realiza.

Tiene unos ojos grandes y devoradores, asoma en ellos la conciencia de quien no descansa, de quien no duerme. Salen por ellos los significados múltiples de las cosas, todas las pieles y capas de los enigmas, con un apetito visible sobre lo que hay detras de lo que dices; usando un lenguaje de miradas silenciosas dialoga con tus verdades y te las desmonta hasta demostrártelas, sin un discurso, o las revela burlescas con un par de palabras.
La nariz se interpone, se apodera sin llegar a dominar, igual que un elemento técnico, algo práctico y terreno, posee su propio territorio donde unir a los contrarios; es una nariz con ciertos rasgos norteños de utilidad, sacrificio y dureza.

Mientras le dibujo el rostro mirando hacia los papeles sólo hay silencio y trabajo. Por su expresión diría que lo sagrado está sobre esa mesa.