Por su misma naturaleza,hacer un retrato, implica abandonarse.

La ceguera ante una ventana abierta, cuando se procede de la oscuridad de la casa, es inevitable, como inevitable es abandonarse al descubrimiento de una mirada. Parecen conciliarse la simplicidad y lo complejo, la belleza y lo imperfecto.
En la vida japonesa a esto se le llama "Furyu" y "Bushido", esto es, darle verdadero sentido a la unión de los contrarios: en un extremo, lo exterior, lo vital y en el otro, el interior, lo profundo del ser, lo secreto.


Marina posee un entrecejo furibundo, seguramente contrae las cejas cuando afina en sus pensamientos la palabra, la idea, su noción del mundo. Seguramente se desgarra en las ausencias, cuando ahonda en la conciencia de su vida, cuando milita y se deja caer por la vertiente de la negación, en esos instantes, el juego de sombras que se produce en la frenteesel quequeda cuando se silencian las luces de los pensamientos. Es dueña de su entrecejo, triunfante en la existencia de su rostro se dice que no hay imperfección en ello, que no es un momento de distracción, que se contrae por oposición al mundo.
Los ojos tienen un espacio de dominio refinado, aunque la lógica establece que cejas y ojos mantengan el mismo diálogo tengo que dudarlo, en este caso. Han evolucionado más allá, alguna vez rieron a carcajadas y esa riqueza no la han perdido. Brotaron con el canto y la liturgia de la naturaleza en ebullición, casi nunca simples, nacieron profundos, con luz propia, templados y serenos.


Remotamente lo prosaico deja un simple boceto en la nariz, da sentido a la unión de los contrarios y traduce todas las realidades a lo común. Nada se resiste a este toque de nitidez, la poética que descubre la mirada va buscando acomodarse en una sencilla estera: crucemos las piernas, miremos un bello paisaje sentados en la arena, encendamos un fuego, deja que te toque la mano...


Y la boca reintegra, abre compuertas, reconquista. Es positiva y reveladora de lenguajes , propone tareas, rehabilita con originalidad y veo en ella la capacidad de lo insaciable. Si riego la semilla..., y creció una planta; si hago un ramo bonito, y formó una ofrenda; si decoro ese rincón con estas flores, y cambió una casa; si este hogar es el mío, y transformó el mundo...


El rostro de Marina es rotundo, mágico y fuerte a un tiempo. No veo nada sucedáneo en él. Se disgrega en las soledades y es un río por donde fluye lo vivo. Digno rostro de una diosa.