En el trabajo de los seres humanos se produce un silencio que procede de la encarnación del esfuerzo, la conciencia de estar probando la voluntad crea una concentración, fuera del tiempo, que quita a los sentidos toda expresión y los rostros se tornan inocentes, se cierran sobre sí mismos y se vuelcan sobre la materia que meditan.


El profesor de filosofía posee un cráneo que deja su marca en dos arcos señalados sobre las cejas y define la frente modelada sobre especulaciones de los antiguos que sembraron allí sus secretos. Recorren el entrecejo los universos distintos, los mundos extraños de lo singular, a manera de un cedazo que recogiera sin confusiones lo precioso de otros sueños, de apariciones fugaces de otros hombres y los baja hacia la mirada, que es de ojos oscuros; a través de ellos se ven solemnidades, incursiones por lo remoto, melancolías, apenas sentimientos irreales, y recuerdan que se puede capturar la existencia que, recobrar lo interior, también es posible.

En positivo se resuelve la nariz, cual un árbol que ocupa su espacio a sabiendas de que forma el paisaje, no está aislada, es un conjunto en el total del rostro porque procede quizás de un mito, originada por un posible héroe, atávica y sujeta a la simplicidad de lo que aúna el cielo con la tierra, lo sagrado y lo más natural. La acción se muestra al afilarse conmocionada por el combate, luchando sus batallas contra la injusticia, sin admitir la sumisión del hombre, añadiendo a sus respiraciones la elegía, los conflictos, la intensidad de los dramas de la vida. Pero no se inmola, se afila


Y no se apacigua el rostro al llegar a la boca , su descripción produce abundancia de calificativos de los que brota la lucha, aprieta los labios para escribir el riesgo, elabora el hallazgo irrumpiendo, anota lo duro y se significa crítica y poderosa: separando y uniendo, contradiciéndose, afirmando, negando con rotundidad, subversiva e incansable, sin renunciar a nada.

Termina la imagen en un mentón activo, de forma absoluta, impone su impertinencia de trazado, no se reduce, sale hacia delante en una suerte de transformación que, junto a la boca, afirma sobre la libertad para escoger los campos de batalla, dice acerca de edificar, de ciertas obsesiones, de lo razonable explicado, pero no se revela la identidad completa si no se escucha el ritmo escondido, hay que volver a la mirada, donde, a través de la roca tallada, se esconden unos ojos, que yo diría líquidos, de regreso a la vegetación, y estoy hablando del amor.