Para una mujer, el primer hijo, la convierte en madre; poner rostro a ese hijo es cuestión de tiempo y se va subrayando la promesa, mes a mes y sueño a sueño.

Los ojos de un hombre joven revelan una finísima y penetrante pasión, he visto esa misma mirada en los ojos de sus amigos, involuntariamente intemporales manifiestan una concentración vital que, sin ser de desdén ni desprecio, es devastadora. La frente abierta y transgresora no vuelve las ideas sobre sus pasos, avisa de unas visiones intensas, expresa una inquietud en cambiar el mundo y las cejas son una marea que aprovecha las vacilaciones de los otros para mostrarse más intensas, más poderosas.

Me intento mirar en sus ojos como en un espejo, la poesía me hace imaginarme implicada en su vida, es explicable.

La nariz sirve a la actividad, determina una avanzadilla en su rostro, hace de quilla vanguardista , de aliada de la libertad, es singularmente femenina y no se siente culpable por ello. La aprecio conquistadora y predestinada hacia lo fundamental.

Donde se encuentra la dialéctica entre el pensamiento y lo orgánico , donde se transforma el cuerpo en alma y el alma en cuerpo es en el espacio de la boca, es exagerada, sensual y afectiva, también desalmada cuando la usa razonando en la tiranía y difícil de seguir si habla desde el pensamiento.

El pelo carga sobre el plano de las facciones a modo de marco, encierra armoniosamente, con bellos bucles naturales, barrocos y graciosos ensortijamientos del cabello más propios del renacimiento, un rostro osado con una cabellera hermosa.

El bigote y la barba cierran desde la barbilla la cara, transforman en más madura una mirada dulce en el amor e inquisitiva en lo que construye.

La imagen es clara como una espada al sol y cuando fija su brillo en mí, un golpe de luz llena mi mañana.