Las lenguas múltiples, acaso también los silencios prolíficos del alma, se dan cita en un lugar común sin previo aviso.
Viajando de Villalba a Madrid en el tren de cercanías, a esas horas singulares en que se ensaya un nuevo amanecer, el día se presta a cualquier cosa. Sin luz en los vagones y sin calefacción los libros reposaban inertes sobre las piernas de los viajeros; los periódicos, desmayados y sin el aleteo que les es propio se desordenaban sin haber sido abiertos.
Un niño aullaba en lo oscuro con una ridícula voz de hombre e iba repitiendo cada frase que le llegaba a los oidos: "Te quiero, amor mío", y lo decía imitando el tono seguramente susurrante de una frase dicha al abrazo de una novia; " Borji, díle a Begui que me doy la vuelta, que el tren está estropeado", y esa frase la pudimos escuchar por dos veces: la original y la imitada por el niño.
A bulto se podían intuir las cabezas extraviadas por el sueño y algunas luces de móviles flirteaban con el horror al vacío de quienes no podían ni dormir, ni leer, ni hablar, ni mirar el paisaje...Sin resultado alguno se fijaban los ojos en lo oscuro de otros ojos y no era posible captar la mirada.
Era fácil escuchar varias lenguas surgir de aquella niebla inexpresiva de gestos. El niño decía la palabra "aquello" y nadie podía saber a qué se refería; no se veía el dedo ni lo que señalaba, sólo sabíamos que el niño se enfadaba porque su madre no le comprendía.
Al pasar por un túnel dijo que tenía miedo y que se quería dormir pero que si cerraba los ojos estaba todo tan negro como cuando los abría, y que él quería luz: "mamá díle a la luz que salga, que ya me he levantado".
"Señores viajeros, Cercanías les informa que el vehículo en el que viajan sufre una avería, rogamos disculpen las molestias. Les avisamos que la estación de destino será Príncipe Pío". Repetimos: la estación de destino es Príncipe Pío".
Afuera empezaba a clarear y el niño ya no aullaba ni imitaba las voces de los otros, los adultos guardaban silencio y se regresaban una y otra vez hacia sus sentimientos.
(Para Rosa M.R)

Leerte es un plácer,con esa sensibilidad que desprendes en casacada.
No te pierdas demasiado amiga,que por aquí haces falta.
Besos
Gracias, amiga, iré incorporándome poco a poco, sin agobio, debo aprender a serenarme. Un fuerte abrazo, colega.
Un besazo, da gusto leer tus cosas.
¡Que bien describes! me has hecho vivir ese amanecer, es un placer leerte. No nos vuelvas a dejar ¿vale? que te conozco:-)
Muchos besos.
Queridos amigos, tengo una amiga que dice que sólo escribo cosas tristes, pero si es esto tan real puesto que me sucedió tal cual, ¿será que vivo cosas tristes?, espero que no, sé que no es así y os prometo que no lo va a ser. Besitos, mis queridos Feni, bombones y Givi.
Un excelente relato y lleno de sensibilidad.
Te agradezco tu visita a mi blog.
Un fuerte abrazo